domingo, 16 de enero de 2011

El modelo agroindustrial capitalista del siglo XX.


Desde las primeras décadas del siglo XX comienza a prevalecer un modelo agropecuario y agroindustrial en el mundo, impulsado por el sistema agrario y productivo norteamericano,  denominado por algunos como el de la agricultura industrial, se trataba de los comienzos de una agricultura de energía y capital-intensivo, asociada a innovaciones tecnológicas desarrolladas en otros campos. Ese agro intensivo requerirá de la utilización creciente de insumos externos: aceites, fertilizantes inorgánicos, semillas híbridas, maquinaria, equipos y pesticidas. Las modernas agroindustrias, tanto las proveedoras de estos insumos como aquellas que van a procesar sus productos, adquieren una importancia sobresaliente en el conjunto de la producción, constituyendo contingentes cada vez mayores del procesamiento industrial con relación a la materia prima originaria. Surgen en esta nueva etapa las grandes empresas agroalimentarias, las que pronto se transformarán en las transnacionales y en los agentes esenciales de los procesos de globalización.14
En este marco los países del Tercer Mundo, particularmente América Latina, pasan a tener un rol importante en la nueva división internacional de la producción alimentaria, perdiendo la capacidad de producción de los alimentos básicos y destinando las áreas sembradas a productos de exportación,  funcionales a las necesidades de estas industrias agroalimentarias y con la justificación de garantizar la capacidad de generar las divisas necesarias para el pago de los servicios de la deuda externa.

El sistema agroalimentario argentino15 experimentó grandes transformaciones, los procesos de concentración económica y extranjerización de la industria, junto con el proceso de concentración en la etapa final de distribución (supermercadismo), modificaron las articulaciones en el interior de los diversos complejos que lo integran; provocando,  un aumento de la integración vertical16 y consecuentemente el crecimiento de la agricultura de contrato y otras formas de articulación. Las nuevas políticas hacia el sector, el aumento de producción y productividad, vistos como grandes éxitos no alcanzaron a todos por igual. Por el contrario, favorecieron la concentración de la producción en unidades de mayor tamaño, mejor preparadas para obtener financiamiento en mejores condiciones y para incorporar tecnología. Es así como adquieren mayor poder las grandes empresas extra agrarias, en relación a los medianos y pequeños productores que fueron perdiendo significativamente su autonomía de decisión17, por la alta productividad y tecnología de los grandes productores que restringía la posibilidad de competir; la alternativa única, ante un Estado ausente, de incorporarse al sistema de integración vertical a través de contratos con las empresas agroindustriales. 


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